Como los Jedis, la mayoría de los hackers son gente buena. Tipos que tienen un talento inusual con la computación, que programan una aplicación en un par de horas y que saben a la perfección como operar las máquinas. Aquellos que son como Darth Vader –y se pasaron al lado oscuro de la fuerza- son los menos, pero hacen más noticia.
En su origen la palabra Hacker define a los aficionados por la informática. Y, como en todo orden de cosas, hay hacker malos (los Black Hat o crackers) y los buenos (White Hat), estos últimos en vez de atacar servidores notifican a los encargados de sitios sobre faltas de seguridad o crean aplicaciones que comparten altruistamente con el resto.
El fin de semana pasado, en varias ciudades del mundo se realizó el evento RHoK (Random Hacks of Kindness), que congrega a apasionados de la computación para hackear durante 48 horas en pos de una buena causa. Acá no se trata de meterse clandestinamente a un sitio, sino de crear o modificar códigos para desarrollar aplicaciones que son prioritarias para la sociedad.
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