Alejandro Rubio P.
Lo que está claro es que una parte importante de la humanidad ve necesaria una nueva forma de organización de la especie humana. Ese es el gran desafío de este momento único de la historia de la humanidad. Único por cuanto jamás nunca se movilizó tanta gente en el planeta por una misma causa.
¿Y cual es la causa?: El descontento generalizado.
¿Y en que consiste el descontento?: en percibir que como especie no resolvemos nada, sino que por el contrario, cada vez nacen más y más problemas, que no logramos resolver. Aún más, estamos destruyendo a las demás especies que cohabitan este hermoso planeta junto a nosotros.
¿Y quienes son los causantes de este descontento?. Esto es lo que debemos concensuar, pues no deberíamos considerar que es culpa solo de los ricos y de quienes nos gobiernan. Sin lugar a dudas que ellos tienen la principal culpa, pues son esa parte de nuestra especie que se ha dejado conquistar por la avaricia, el egoísmo, el poder, la vanidad y la soberbia, entre otras bajezas. Todos, de una u otra manera somos responsables, de generación en generación. Debemos reconocer, por otro lado, que la modernidad misma genera grandes problemas y somos mayoritariamente partidarios de la modernidad.
¿Hay esperanza de que este gran movimiento planetario tenga éxito?: Nadie lo sabe, pero debemos pensar que sí. Si no lo logramos el futuro se vuelve aún más negro; negro escuro; muy oscuro.
¿Qué es esencial para que este movimiento tenga éxito?: Sin lugar que hay un elemento esencial, crucial y fundamental: Restaurar la fe en la especie humana. Esto es así por cuanto solo la especie humana podría resolver los problemas de la raza humana. No lo hará ni otra especie, ni un dios, ni los extraterrestres.
¿Y como lo hacemos?. Debemos hacer lo que nosotros pedimos a los demás. Pedimos honestidad: seamos honestos. Sin honestidad no hay ninguna, pero ninguna posibilidad de no sucumbir como especie. Sería como verse la suerte entre gitanos. Lo mismo respecto del respeto, de la tolerancia, de la responsabilidad.
¿Y que más?: Debemos darnos cuenta que nosotros tenemos el poder. Solo cuando comprendamos que nosotros tenemos el poder tendremos el poder para cambiar nuestro destino. Sin poder no podemos. Cuando creemos que el poder lo tiene otros nos sentimos derrotados. El poder económico está en nosotros pues nosotros somos seres económicos, que compramos varias veces al día, durante todo el año y durante toda la vida. Gastamos infinitamente más que lo que gastan los ricos. Los ricos son nuestra creación perversa.
¿Y que más?: Debemos darnos cuenta que las leyes son una ficción, solo eso; que tienen valor solo porque estamos de acuerdo en darles valor. Son como el papel con el que usted se compra una casa o un auto. Así como el mercado determina todos los días el valor del dinero, nosotros, si queremos, podemos cambiar las leyes todos los días. ¿No lo hacen así los partidos políticos cuando les conviene?.
¿y como lo hacemos?: Esta es la pregunta más colosal; y la respuesta será necesariamente colectiva. No nos la puede dar un genio. Yo acepto creer que alguna vez fuimos animales, que luego evolucionamos mentalmente. De hecho seguimos evolucionando, para bien o para mal (está por verse). Alguna vez nos gobernaron leyes naturales, como el instinto. En algún momento nos percibimos distintos a las demás especies. En algún momento las leyes naturales dejaron de atarnos y nos vimos en la obligación o necesidad de darnos nuestras propias leyes. Entonces no creamos nada nuevo, sino que emulamos o imitamos los modelos que conocíamos de la naturaleza, tales como los liderazgos que se dan en algunos mamíferos. Posteriormente incorporamos el comportamiento de algunas clases de insectos, lo que dio nacimiento a los ejércitos, de soldados y de empleados. Dimos lugar a la especialización, desasociando cada vez más a la epecie.
Nuestra especie está en una grave crisis y es en estos momentos cuando se suele dar un importante salto cualitativo. Estos saltos ya los hemos dado antes. Uno de ellos lo dimos al crear una majestuosidad: la democracia. La democracia se forjó con sangre y dolor a lo largo de miles de años. Y no fue creada por los políticos, sino que por gigantescos movimientos sociales, de generación en generación. El movimiento actual debe, por sobre todos los medios, fortalecer la democracia, instrumento precioso al servicio de la humanidad. La democracia debe y puede ser perfeccionada. Aunque a muchos no les parezca, las clases políticas suelen ser contrarrevolucionarias, sean de izquierdas o de derechas. La revolución busca necesariamente cambios y quines ostentan poder no quieren ser cambiados.
Desde un punto de vista más filosófico hay un par de cuestiones fundamentales que nuestra especie debiera asumir en una hipotética nueva etapa, que puede demorar muchísimos años. Debemos aceptar la muerte. Hoy en día la muerte lo gobierna todo. Todas las películas de los canales del cable y de la televisión abierta (de Chile) diariamente transmiten más de 500 asesinatos, lo que al año da 182.500 asesinatos. Es decir que nos llevamos los cementerios lejos de la ciudad y los disfrazamos de jardines, pero en nuestro living reina la muerte por doquier a través de la TV. Pensamos en la muerte todos los días, varias veces al día; en la nuestra y en la de nuestros seres queridos. La vida no es ni corta ni larga; es lo que es, y por eso es maravillosa. Una rosa que no se marchita no tiene belleza alguna. Si nuestros hijos no fueran a morir no los amaríamos tanto como los amamos. Un millón de años sería poco para una mente que ha llegado a comprender la idea de eternidad. Una vida sin muerte sería un infierno. Por esto hemos inventado a dios, para hacernos creer que la muerte no nos alcanzará. Todos decimos que vamos a resucitar y sin embargo no vivimos como si ello fuera a pasar. Los únicos verdaderos creyentes de los que he tenido noticias son los talibanes. Nuestra especie debe madurar y dejar atrás estos pensamientos infantiles. Debemos ser valientes y aceptar que estamos solo, y que solo dependemos de nosotros mismos. Una mente inteligente comprende que la vida y la muerta son una misma cuestión y que pretender separarla solo lleva al sufrimiento. Deberíamos celebrar a lo menos una vez al año la muerte, con bombos y cornetas. También deberíamos agradecer, simbólicamente, a las especies que damos muerte por millones para hacer posible nuestras vidas. Y, finalmente, deberíamos plantearnos nuestra responsabilidad frente a la calidad de vida de las demás especies, de modo que ser superior sea sinónimo de ser bueno y responsable; no sea que al ser superior que llamamos dios sea como nosotros; después de todo él es el modelo de nuestra imagen y semejanza.
La creencia de que dios creo a la humanidad como hombre y como mujer ha dado lugar a una intolerancia espantosa, que en Chile parece estar llegando a su fin. La destrucción del medio ambiente no ha sido ajena a la falsa creencia de que dios nos dejó el planeta solo para nosotros, y que podíamos explotarlo y someterlo a nuestro antojo. Debemos asumir que el planeta no es nuestro, que es de todos los seres vivos que habitamos en él, incluidos los insectos. No aceptar esto es signo de una total mediocridad y egoísmo. Si dios existe y es bueno seguro que será mejor que yo; pues bien, si yo fuera dios no me llevaría al infierno a la gente respetuosa, sincera, honesta y responsable. Estoy seguro que la inmensa mayoría de las personas que componen el género humano son personas buenas. Y es bueno, simplemente, el que prefiere ser bueno a ser malo. Hay muchísima menos maldad que la que se cree. Lo que sí hay, y mucho, es miedo. El miedo nos hace ver maldad en los otros. El miedo perturba nuestro pensar. El miedo lo está gobernando todo. Me basta con decir que los ricos temen perder su riqueza y los poderosos su poder. Y la iglesia nos insiste con el temor de dios. Un dios bueno será mejor que yo, que jamás sometería a mis hijos por el miedo.
En consecuencia el movimiento social actual podría ser recién el comienzo del comienzo. Como decía mi abuela: hay mucho paño que cortar. Y como digo yo: puchas que es lindo estar al comienzo.
Estimado Alejandro:
ResponderEliminarUn millón de años, según los entendidos, costó, en la era de la caza y la recolección, para que se duplicara el conocimiento y pasar a otra era, la era agraria. Siete mil años duró la era agraria y se dobló una vez más el conocimiento y pasamos a la era industrial. Trescientos años duró la era industrial para entrar en la que estamos que es la era del conocimiento y la información. El conocimiento en esta era se dobla cada dos meses. muy ràpido. Eso significa que en un tiempo más será vertiginoso y obviamente la próxima era no tardará en llegar. La Humanidad no maneja el mundo, el mundo y sus vaivenes lo manejan aquellos que nos crearon.